En este pueblo, donde el sol da de lleno, en este pueblo, esta árida tierra del calor, pocos son los que se quedan.
Algunos pasan, alquilan una casa, hacen amigos y parece que se van a quedar, hasta que un día, sin que nadie se lo espere lo mas mínimo...
...simplemente se van...
Estas idas y venidas, estas vidas que salen despedidas, no nos afligen durante mucho tiempo, pues somos ya mayores y entendemos perfectamente que la vida es como un rio, que a veces va rápido, a veces lento, da giros inesperados y se cruza con mil maravillas al largo de su cauce, a veces se estanca pero nadie lo puede parar.
Lo que quiero decir es que no tiene que apenarte la ida de un compañero del pueblo si sabes que va a un sitio mejor.
He dicho que algunos pasan y se van, pero también muchos llegan, toman algo y abandonan el pueblo, y otros directamente rodean el pueblo para no poner un pie en él.
Po otro lado... algunos llevamos en este pueblo desde el día que lo fundamos, y en él moriremos.
Antes de explicar la historia que os deseo contar, quiero hablaros del pueblo.
Este pueblo fue fundado por personas de todas clases. Había un poeta, una actriz , un deportista, una chica feliz y un músico.
Levantamos el pueblo con nuestras propias manos y pese al calor, nos demostramos a nosotros mismos que podíamos luchar contra las adversidades juntos. El sol y las tormentas de arena no serian problema si seguíamos unidos. Llegó gente nueva, y se fue algún que otro de los fundadores. Pero seguíamos siendo un pueblo, y estábamos unidos.
La historia que os contaré trata sobre mi amigo el poeta y la chica perdida.
La chica feliz, una fundadora del pueblo, era eso: Feliz. Nada había en el mundo que pudiera deprimirla ni agotarla. Tena una alma inmortal, un espíritu fuerte e invencible. Pese a ser bajita i delgada, tenía una fuerza interior que nos levantaba a todos cuando la vida nos golpeaba.
Esta chica feliz era muy viva, era electricidad en medio de una tormenta con lluvia. Nada podía pararla, deseaba saber y aprender, tenia curiosidad para todo y vivía solo para vivir más. Vivir cosas nuevas.
Lo que pasa es que un día encontró un charco. Si. Un charco en medio del desierto.
¿Os podéis imaginar lo que paso por su cabeza? La curiosidad empujó a la emoción que arrastró de pasada a la locura. Empezó a cavar en el charco hasta que descubrió lo más maravilloso que había visto en su vida.
Un pozo de agua fresca y transparente. La visión del elemento de la vida en medio de esa tierra muerta avivó más su espíritu humanista, su personalidad. Reafirmo su teoría de que vivir es lo mejor que se puede hacer en la vida.
Desde ese día la llamamos la pocera y a eso se dedicó. El pozo era su alegría , el pozo era su vida, y con su pozo y su alegría , nos alegraba a nosotros, que la queríamos muchísimo.
Cuando se descubrió el pozo mi amigo poeta no sabía beber. Había estado toda su vida encerrado en su casa leyendo y pensando, apenas salía momentáneamente, y volvía rápido a casa a esconderse de la luz del sol sin importarle la vida de afuera ni la vida de la demás gente, sus pensamientos estaban muy lejos del pueblo. Pero un día , en una de sus breves salidas ,se cruzó con la pocera. Esta le dio de beber el agua del pozo, el agua mágica de la felicidad .Allí todo cambio para el poeta. Seguía siendo un poeta de pies a cabeza, pero la pocera le había abierto los ojos a una parte de la realidad que no conocía, la bella y la alegre. Con el agua del pozo y con la pocera aprendió a beber... a vivir... a sentir.
Si hacía mucho calor bebía del pozo, y con su agua se refrescaba. Si lloraba, se limpiaba la cara con el agua del pozo. Regaba sus plantas con el agua del pozo. El pozo se convirtió en un pilar maestro de su vida, un sustento básico. Igual que la pocera.
A ella la quería en especial, la amaba por encima del agrado, por encima del cariño ,muy por encima de la amistad y si, la quería por encima del amor. Sinceramente yo no sabía que eso era posible hasta que lo vi en él.
Pero sin que nosotros lo supiéramos, la pocera hacia el pozo mas y mas fondo. Mientras yo tocaba mis canciones sobre el brillo del agua con mi guitarra, el deportista se refrescaba con ella y el poeta escribía lleno de gozo rimas sobre el pozo, ella iba descubriendo aguas nuevas, más fuertes, más dulces.
Y seguía excavando.
Nosotros nos dimos cuenta de que ella estaba menos con nosotros. Apenas la veíamos.
Estaba casi siempre en el pozo y las pocas veces que estaba afuera, no tenía tiempo para nosotros.
Y llegó el día, como antes lo habían hecho tantos otros, en que la pocera se fue. Unos dicen que ha encontrado un sitio mejor al otro lado del pozo. Algunos, que se ha unido a otros poceros para dedicarse a lo que le gustaba, yo personalmente opino que sus ansias de excavar en lo que era su vida, su pozo, la ahogaron, y que ahí está, demasiado cansada de tanto cavar para tan siquiera salir del pozo...
Todos lloramos su pérdida, meno el poeta... él, como era de costumbre, escribió:
Ya no recuerdo tu cara sonriente,
tus mejillas palpitantes en mi hombro,
tus lágrimas, cristal precioso, en mis ojos.
Sueño con la que fue alguna vez
como un sueño para mi, y lloro...
Lloro tardes enteras bajo una sombra incauta.
Mi amigo el poeta escribió esto y finalmente lloró, junto a nosotros. Lloró porque no poder volver a ver el reflejo de su musa en el agua del pozo nunca más.